Son mujeres las que mueven las páginas del Teatro de Lorca, los hombres están allí sentados en los renglones, o caminando entre líneas. Pero son ellas las que con el aire de su aliento empujan a las páginas para que se sucedan una tras otra. Son ellas las que con el viento de sus pasiones permiten que las hojas escritas levanten el vuelo y se conviertan en vida. Y de sus venas ardientes brota la roja tinta que llena de verdad, las mejores sílabas del poeta. Se mueven las mujeres de lorca, y en sus pies está la geografía del goce y del dolor. Sus zapatos son atlas que guardan los continentes del sentimiento. Crónicas de viajes al alma, son las huellas de sus pisadas.
Día de carnaval. Un niño de tres años ha desaparecido. La inspectora María Garralda – Nuria González - no tiene ninguna pista, no tiene móvil, tampoco sospechosos. De repente, las alarmas se disparan. Un mensaje. El niño morirá en treinta minutos y el mundo entero lo podrá ver a través de una página de Internet. En la comisaría se inicia una carrera contrarreloj para intentar encontrar al pequeño antes de que se cumpla la amenaza. La tensión aumenta a medida que los minutos pasan. No hay tiempo material para encontrar al pequeño. Carnaval es un thriller policíaco. Una obra de género que nos habla del mal. Del mal en estado puro. Y de cómo los seres humanos intentamos enfrentarnos a su existencia.
El flamenco unido a la danza contemporánea, a disciplinas circenses adaptables a las necesidades del espacio y la música en directo, nos hace soñar con un espectáculo de gran fuerza enorme plasticidad.
La Historia se construye a partir de aseveraciones "documentadas" que, por lo general permanecen inamovibles, como los dogmas de fe, en el transcurso del tiempo. Constituyen la versión oficial de hechos y de acontecimientos, concebida para contribuir al fortalecimiento y la perennidad de los Poderes, para consolidar su ideología y el ámbito sobre el que ejercen su dominio secular. Este propósito se evidencia de forma elocuente en la imagen hierática y prepotente de las estatuas de personajes ilustres. Su pétrea verticalidad contribuye a perpetuar la rígida imagen del Poder. Si probáramos a inclinarlas, a tumbarlas o a colgarlas boca abajo, tendríamos otros puntos de vista más interesantes desde donde observarlas y, sin duda, más divertidos.
Un matrimonio espera en mitad del agobiante desierto la oportunidad para "reflexionar con sus vecinos del sur". Pero a las pocas horas queda claro que la única reflexión que conoce buena parte del género humano es la violencia. El viento, el silencio y los absurdos diálogos de estos dos seres patéticos son el corazón de un texto tan árido como las arenas de ese desierto que les rodea.