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Logroño es una ciudad muy agradable para el
paseo. Ciertamente, es uno de sus grandes atractivos y
no es de extrañar que el visitante pronto se
integre en la dinámica de una ciudad que ha
sabido encontrar el equilibrio entre tradición y
modernidad; entre las antiguas construcciones de
antaño y las nuevas edificaciones; entre la
memoria histórica de toda ciudad, como lo es el
Casco Antiguo, y los nuevos barrios que están
logrando esa configuración de Logroño como
una ciudad ya no tan pequeña y con una
dotación de servicios más propia de las
grandes urbes.
En
el recorrido por toda la ciudad se pueden encontrar
diversos edificios y zonas singulares, entre los que
caben destacar las iglesias de La Redonda, Santa
María de Palacio, Santiago El Real, San
Bartolomé; o el Palacio de los Chapiteles,
antiguo Ayuntamiento de Logroño; el Palacio de
Espartero, convertido en el Museo de La Rioja; el
Convento de la Merced; la Puerta del Revellín,
lugar importante del que se alimenta nuestra historia; o
el mismo edificio del actual Ayuntamiento, proyectado
por Rafael Moneo y referencia en diversos manuales sobre
arquitectura.
El
Camino de Santiago, la oferta comercial, la
gastronomía y los entornos naturales integrados
en la misma ciudad o a muy poca distancia de la misma,
como los distintos parques de la ciudad, entre los que
destaca el del Ebro; o el de La Grajera, a tan
sólo cinco minutos del centro, se convierten en
cita obligada para el visitante y en importante motivo
para la relajación para el vecino
logroñés. Lo dicho, un paseo siempre
mejora la calidad de vida de las personas.
Logroño se presta para ello.
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